Es el elemento que más veces se resuelve mal, y casi siempre por la misma razón: se decide al final, cuando ya no queda sitio.
De todas las decisiones de una piscina, la del cuarto de máquinas es la que más veces se toma tarde y peor. No porque sea difícil, sino porque se deja para el final, cuando el espacio ya está repartido.
El resultado se reconoce enseguida: equipos apretados en un hueco al que hay que entrar de lado, tuberías con más codos de los necesarios, ruido donde no debería haberlo y un mantenimiento que se vuelve incómodo para siempre.
Una piscina residencial necesita alojar al menos la bomba, el filtro, el cuadro eléctrico y el sistema de tratamiento. Si hay climatización, hay que sumar la bomba de calor, que va en el exterior y pide aire libre alrededor. Si el borde es desbordante, aparecen además el tanque de compensación y una segunda bomba.
Y no basta con que quepan. Hace falta espacio para trabajar: abrir la tapa del filtro, extraer el cesto de la bomba, cambiar una válvula, medir en el cuadro. Un cuarto donde el mantenimiento es incómodo es un cuarto donde el mantenimiento se acaba haciendo mal.
Cada metro de tubería y cada codo añaden resistencia al circuito. Un cuarto de máquinas colocado lejos obliga a una bomba más potente para mover el mismo caudal, lo que significa más consumo durante toda la vida de la piscina.
También importa la altura relativa. Una bomba situada por encima del nivel del agua tiene que aspirar, y aunque las autoaspirantes lo resuelven, trabajan más cómodas y duran más cuando el agua les llega por gravedad. Cuando se puede elegir, conviene que el cuarto quede cerca y ligeramente por debajo.
Un recinto cerrado con equipos eléctricos y agua necesita ventilación cruzada y un desagüe en el suelo. Sin lo primero, la humedad y el calor acortan la vida del cuadro y de los motores. Sin lo segundo, cualquier fuga menor se convierte en un charco permanente.
En costa hay que añadir un factor más: el aire salino. Un cuarto abierto de par en par al viento marino castiga los equipos mucho más rápido de lo que la gente espera. Cerrado y ventilado de forma controlada es la combinación correcta.
Ninguna bomba es silenciosa del todo, y una bomba de calor tampoco. Colocarlas bajo una ventana de dormitorio garantiza una queja. Las de velocidad variable ayudan mucho, porque a bajo régimen apenas se oyen, pero la primera medida sigue siendo elegir bien el sitio.
Todo lo anterior se resuelve fácil si el cuarto de máquinas entra en el plano a la vez que la piscina, y se vuelve un problema si aparece después. Es un espacio pequeño, pero condiciona el consumo, el ruido, la durabilidad de los equipos y la comodidad de quien los mantiene durante los siguientes veinte años.
En NAUA lo tratamos como parte del proyecto desde el primer croquis, no como un ajuste final de obra. Con ese criterio desarrollamos piscinas prefabricadas de diseño arquitectónico fabricadas en Mérida e instaladas en todo México.
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