El velo de agua de un desbordante es bellísimo y también el mayor disipador térmico de la piscina. Conviene saberlo antes de dimensionar la climatización.
Casi todo el mundo entiende que una piscina pierde calor por la superficie. Lo que rara vez se anticipa es cuánto lo multiplica un borde desbordante.
El velo que cae por el remate es la imagen más reconocible de una piscina contemporánea. También es, sin comparación, el elemento que más energía disipa del conjunto. No es un problema, es una característica que hay que tener en cuenta al diseñar, igual que se tiene en cuenta el viento o la orientación.
Cuando el agua sale por el borde, se convierte durante unos segundos en una película de pocos milímetros con muchísima superficie expuesta al aire. Ahí ocurren tres cosas a la vez: se evapora, se enfría por contacto con el aire y se airea al caer al canal.
De las tres, la evaporación es la que más pesa. Evaporar agua consume una cantidad de energía enorme, y esa energía sale directamente del calor de la piscina. Por eso una piscina climatizada con el velo en marcha durante todo el día puede tener el equipo trabajando de forma casi continua sin llegar nunca a la temperatura de consigna.
En una superficie quieta, el aire que está justo encima del agua se satura de humedad y frena la evaporación. El viento se lleva esa capa y reinicia el proceso una y otra vez.
Por eso el mismo desbordante se comporta de forma muy distinta en un patio protegido que en una terraza expuesta o frente al mar. En emplazamientos con brisa constante, que en la costa es la norma, conviene contar con ello desde el proyecto: proteger con vegetación o un paramento bajo, o aceptar que el equipo tendrá que ser mayor.
Se olvida a menudo, pero el agua del tanque también está expuesta. Si está a la intemperie o en un recinto ventilado, suma su propia superficie de intercambio a la de la piscina. Cerrarlo y aislarlo es una medida sencilla que reduce pérdidas sin coste de operación.
Es programarlo. El velo no necesita estar en marcha las veinticuatro horas: se enciende cuando hay gente, cuando la piscina se mira o cuando el proyecto lo pide, y se apaga por la noche. Con una bomba de velocidad variable dedicada al rebose, esa gestión es sencilla y no afecta a la filtración, que puede seguir trabajando aparte.
La otra medida, la más eficaz de todas, es la cubierta nocturna. Sobre una lámina en calma reduce la pérdida a menos de la mitad, y es lo que permite que un equipo modesto mantenga la temperatura sin esfuerzo.
La consecuencia práctica es que una piscina desbordante climatizada no debe dimensionarse como una de skimmer del mismo volumen. Hace falta más potencia para el mismo resultado, o bien limitar las horas de velo. Decidirlo en el proyecto evita la situación más incómoda: un equipo correctamente elegido sobre el papel que en obra nunca llega a la temperatura prometida.
En NAUA pensamos el borde, el nivel del agua y la climatización como una sola decisión, porque en la práctica lo son. Desde ahí desarrollamos piscinas prefabricadas de diseño arquitectónico fabricadas en Mérida e instaladas en todo México.
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